Porque trabajar en el Estado no es un trabajo cualquiera. Es trabajar con la vida cotidiana de millones de personas.

El Estado trabaja con personas, no con expedientes

Hannah Arendt, en La condición humana, distingue entre trabajo, obra y acción. La acción, dice Arendt, es aquello que ocurre entre las personas, en el espacio público, en la vida en común. La política y el Estado pertenecen a ese mundo de la acción, no al mundo de los objetos.

Esto es fundamental para entender la administración pública. En el Estado no se administran cosas. Se administran problemas humanos. Detrás de cada expediente hay una empresa que necesita una autorización. Detrás de cada trámite hay una persona que necesita una solución. Detrás de cada regulación hay trabajadores, usuarios, familias.

"La administración pública corre permanentemente el riesgo de convertir a las personas en expedientes, en legajos, en trámites. La vocación de servicio público es la capacidad de no olvidar que detrás de cada trámite hay una persona real."

Trabajador del sector público argentino — Eric Salomone Strunz
Trabajar en el Estado es trabajar con la vida cotidiana de millones de personas. Esa responsabilidad es el núcleo de la vocación de servicio público.

La democracia se construye en las oficinas públicas

Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, explica que la democracia no se sostiene solamente en las instituciones políticas, sino en las costumbres, en la cultura cívica, en la forma en que las personas se relacionan con el Estado y entre sí. Eso significa algo muy importante: la democracia también se construye en las oficinas públicas.

Se construye cuando un trámite se resuelve. Se construye cuando una empresa puede trabajar. Se construye cuando una regulación se aplica con criterio. Se construye cuando el Estado funciona. La calidad de la democracia no depende solo de las elecciones. Depende también del funcionamiento cotidiano del Estado.

Continuidad y compromiso institucional en la administración pública argentina
La democracia se construye también en las oficinas públicas, en cada trámite resuelto, en cada proceso que funciona bien.

La vocación de servicio no es romanticismo, es responsabilidad

Muchas veces se confunde la vocación de servicio con una idea romántica o ingenua. En realidad, la vocación de servicio público es algo mucho más concreto: es entender que el trabajo que uno hace tiene consecuencias sobre la vida de otras personas. La gestión pública no es un privilegio. Es una responsabilidad que se ejerce todos los días.

Responsabilidad de decidir bien. Responsabilidad de organizar bien. Responsabilidad de tratar bien a las personas. Responsabilidad de pensar en el largo plazo.

El largo plazo es una decisión moral

Trabajar en el Estado obliga a pensar en el largo plazo. Las decisiones públicas no se agotan en un año ni en una gestión. Muchas decisiones afectan a instituciones que van a existir durante décadas. Aprendí que en el Estado no hay atajos. Lo que se construye con tiempo y trabajo es lo que dura. Las instituciones necesitan personas que piensen en el largo plazo, no en el próximo titular.

Esa tal vez sea una de las formas más profundas de la vocación de servicio público: trabajar muchas veces sin reconocimiento inmediato, sabiendo que lo importante es que la institución funcione mejor cuando uno ya no esté.

"Liderar equipos en la administración pública no es solo gestionar recursos humanos. Es entender que cada persona que trabaja en el Estado sostiene una parte del funcionamiento de la sociedad."

Memoria institucional y vocación de servicio — Eric Salomone Strunz
Las instituciones que perduran son las construidas por personas que pensaron en el largo plazo, no en el próximo titular.

Servir al Estado es servir a la sociedad

Tal vez la vocación de servicio público, en el siglo XXI, no deba pensarse como una palabra antigua, sino como una idea moderna y profundamente necesaria: la idea de que hay personas que eligen trabajar para que las instituciones funcionen mejor, para que la sociedad funcione mejor, para que el país funcione mejor.

Porque en definitiva, trabajar en el Estado no es trabajar para un gobierno. Es trabajar para la sociedad. Es trabajar para el país. Es trabajar, en algún sentido, para el futuro. Y entender eso cambia completamente la forma de trabajar todos los días.